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  • Foto del escritorÁngeles Barragán Galán

Lo que no debes decir a tus hijos si no quieres sobrecargarte.


Las palabras son mágicas.  Así, sin proponértelo, sin ser consciente de ello, así, como por arte de magia, influyes en otro.  Para bien y para mal. Ya lo decía Wittgenstein, “Las palabras son como balas”. No sé si eres consciente de que tienes una herramienta de un inmenso poder, tu comunicación.  ¿Sabes utilizarla bien? ¿Sabes cómo influir positivamente en tus hijos con tus palabras? Lo digo porque muchas veces decimos cosas a los demás, especialmente a nuestros hijos, que logran precisamente lo contrario de lo que buscamos. Y esto nos deja perplejos porque nos movían nuestras mejores intenciones, pero de repente, hemos influido para mal.  Normalmente, nuestro primer impulso, al ver que no resulta nuestra comunicación, es repetirla y repetirla.  Pocas veces nos paramos a preguntarnos qué falla en lo que hemos dicho.  Nuestras buenas intenciones nos hacen estar, tan convencidos de que tenemos razón, que seguimos diciendo lo mismo una y otra vez, a piñón fijo.  Y luego, nos extrañamos del premio final. Distanciamiento, malas caras, malas contestaciones, incomprensión y falta de entendimiento.  No entiendes qué ha pasado aunque, con lo que has dicho, tenías todas las papeletas para que te tocara el premio gordo. Vale, vale, te pongo un ejemplo para que lo veas. ¿Eres de los padres que dicen “Deja, que ya lo hago yo”? Puede que seas de estos padres si te gusta que las cosas estén bien hechas, te gusta controlar las situaciones y no dejar nada al azar, ni a la improvisación. Sientes que sabes perfectamente cómo hay que hacer las cosas y quieres enseñar a tus hijos a hacerlas y te prestas enseguida a demostrarles cómo se hacen,  añadiendo siempre sin darte cuenta, “Deja, que ya lo hago yo”. Tienes tanta necesidad de que no haya problemas, ni dificultades, que puedes intentar hacer todo por ellos.  Los problemas y la incertidumbre te pueden, entonces les ayudas a estudiar, a hacer los deberes, les preguntas la lección, le miras la agenda, les eliges la ropa para salir, les dices lo que han de decirle a sus amigos si tienen peleas, pones y quitas la mesa, les ordenas la mesa de estudio, porque no hay quien se siente a estudiar del desorden, y no te digo la mochila, se la revisas y ordenas a diario.   Tú intención no es, por supuesto, seguir haciendo todas estas cosas por los siglos de los siglos.  Sólo quieres enseñarles para que aprendan, estimularles, servirles de ejemplo.  Pero paradójicamente, no es lo que consigues. Lo que consigues es sobrecargarte. Y entonces, como es lógico,  comienzas a decir: “¡Pero vamos, que es para hoy!”, en un intento de que espabilen y de que se hagan cargo de sus cosas.  “¡Los he visto más rápidos!” "¿Es que tengo que estar encima de todo?  ¿Es que no sabéis hacerlo vosotros?" Y ellos te miran perplejos.  No saben cómo actuar.  Bueno, no saben si quiera, si pueden intentarlo, porque siempre apareces tú para decir cómo hay que hacerlo, o más bien con el típico ”Deja, que ya lo hago yo”. ¡Lo que se organiza con esta pequeña frase! Sin darte cuenta con esta breve frase, has transmitido que como tú no hay nadie, y que nadie lo hace tan bien cómo tú. Los has descalificado, porque sin querer, el mensaje que has transmitido es que no les ves capaces de hacerlo bien. ¿No te parece una pena tener una herramienta tan potente y no saberla utilizar bien? La próxima semana, he abierto unos huecos en mi agenda para hablar con algunas personas ultra comprometidas, con lograr tener una comunicación efectiva con sus hijos en tan sólo 8 semanas. La llamada no tiene ningún coste y no te compromete a nada. Pero no es para todos. Si crees ser una de esas personas, aquí tienes el enlace para reservar tu llamada conmigo. LINK CALENDLY Y rellena también este formulario. ¡Hablamos!

Ángeles Barragán Galán Psicóloga Clínica, Coach Familiar y Orientadora Escolar. Col. M-8939 www.angelesbarraganpsicologa.com

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